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POR QUÉ TAPIOCA BLÚ

Tapioca es el nombre que se le da, en muchos lugares de América, a lo que en Argentina conocemos como mandioca. Es una raíz fibrosa con un gusto parecido a la batata pero más suave. Mi abuela Irene, correntina de nacimiento y guaraní de sangre, nos preparaba mandioca frita cada vez que alguien traía a Buenos Aires una buena cantidad de esas raíces llenas de tierra oscura y una cáscara dura y gruesa. Ahora es más fácil conseguirla, pero cuando era chica había que esperar que algún pariente viajara a Corrientes para traer el bendito y sabroso manjar.

Tapioca es como se llaman, también, unas pequeñísimas medusas. Cuando este proyecto se estaba gestando las costas argentinas se vieron invadidas por muchas de ellas. Las personas no se metían al mar, aunque su picadura apenas molestaba como la de un mosquito. Nadie se preguntaba qué hacían tantas tapiocas ahí, la única preocupación era no poder refrescarse en “paz”.

Blú, es azul en italiano: el color que representa a esta casa en mi segundo idioma ya que la otra parte de mi familia es de origen italiano y crecí con parte de esas tradiciones bien de cerca. El azul es el color del agua, de la tierra, nuestra casa es “el planeta azul”, es el color que representa la mente, el aire, la paz. Es el color que me habla de la pausa necesaria y me ayuda a pensar, y sentir, en profundidad. Como cuando nos sumergimos en el agua y apenas escuchamos las burbujas, algunos sonidos lejanos y no nos queda más remedio que concentrarnos en lo simple, en lo que vemos, en nuestros lentos movimientos, en nuestros pensamientos.

Tapioca Blú es el nombre que elegí para bautizar este lugar porque habla y es raíces, origen, preguntas, incomodidades minúsculas, pensamientos profundos, largos y sin prisas. Todas esas cosas sobre las que son tan necesarias hacerse preguntas para poder comunicar mejor. Si no se quién soy, ni de donde vengo, aunque siempre la respuesta a esas preguntas sea provisoria, difícilmente sepa hacia dónde voy y cómo.